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Reglas de los Montones

Los Montones conocidos en Estados Unidos de América como Banker and broker o Dutch bank, es uno de esos juegos de azar de ejecución rápida, que fomenta un juego descontrolado y violento en cuánto a las apuestas se refiere. Se trata de un juego de banca contra puntos de fácil desarrollo debido a sus sencillas reglas.

La banca se sortea entre aquellos que más cantidad de dinero pongan, (ver proceso de sorteo de una banca). una vez obtenida, el banquero está facultado para tenerla durante una hora, o hasta que él decida retirarse siempre que anuncie las "tres últimas manos" de rigor. Si la banca es arruinada antes de cumplirse el plazo otorgado, es facultad del banquero decidir si continúa o no con ella, hasta alcanzar el tiempo preestablecido, para ello debe anunciarlo con la declaración "se abona", seguida de la cantidad que compromete al juego.

Se juega con una baraja española de cuarenta cartas, no importando el palo de las mismas, si no solamente el valor de las cartas de menor a mayor, siendo la menor el as y la mayor el rey. Pueden participar cuántos jugadores lo deseen, estén o no sentados a la mesa.

El desarrollo de la partida es muy fácil, el banquero mezcla la baraja y la da a cortar por turno, cada vez a cada uno de los puntos. A continuación, va cortando la baraja para hacer distintos montones que deja cara abajo sobre el tapete. El número de montones varía en función del número de jugadores, sin que esté en relación directa con éste, y de lo violento que sea el juego en ese momento. Una vez hechos los montones el banquero anuncia "hagan sus apuestas", los puntos colocan alrededor del montón o montones que elijan, pueden apostar a cuántos montones deseen, la cantidad de dinero que quieran apostar, dejando un montón libre para el banquero, el que ellos decidan. A continuación, el banquero da la vuelta a su montón dejándolo cara arriba y procede al pago o cobro de las apuestas en función de lo aiguiente:

  1. El banquero cobra: Gana todas aquellas apuestas cuyo montón al darle la vuelta, la carta mostrada sea igual o inferior a la carta del banquero.
  2. El banquero pierde: Paga los montones cuya carta al darle la vuelta sea mayor que la del banquero. Las apuestas se pagan a la par.
  3. Aquel montón que, al darle la vuelta, su carta sea el rey de oros gana doble, salvo que el banquero tenga un rey.
  4. Las apuestas no tienen límite, estando sujeto sólo a la cantidad de dinero presente en cada momento en la banca. El banquero sólo es responsable hasta el límite puesto en ella, es decir sólo paga con el dinero presente sobre la mesa, del que en ningún modo puede hacer retiradas parciales de cantidad alguna.
  5. Si el banquero saca un rey automáticamente gana todas las apuestas. Puede entonces optar por recoger los montones y volver a dar la mano, o por la siguiente opción que era una de las más comunes: Al sacar un rey y tras cobrar las jugadas el banquero deja los montones tal y como están sobre la mesa y de uno cualquiera de ellos vuelve a hacer un nuevo montón. Esto permite a los jugadores volver a apostar sobre el mismo montón si así lo desean. El último montón hecho desde otro no tiene porqué ser para el banquero, pues el punto decide en todo momento cual será el montón de la banca.
  6. Si el banquero observa que puede faltarle dinero para pagar una jugada, lo hará empezando a levantar los montones que menos dinero tengan apostado, y dentro de éste empezará a pagar en primer lugar aquellas apuestas en función de la más pequeña a la más grande, ya que en este caso, las apuestas pequeñas tienen primacía sobre las mayores.
  7. Esta regla faculta a un gran jugador a declarar que apuesta la totalidad de la banca "pagando y cobrando", lo que significa que el banquero irá levantando los montones del más pequeño al más grande cobrando y pagando según proceda, dejando en último lugar el montón del jugador que ha hecho tal declaración. De igual modo procederá a pagar o cobrar las apuestas de los jugadores que hayan jugado con él por el mismo sistema de menor a mayor apuesta. Por último, se procederá a contar la banca para que el jugador que ha hecho la declaración pague la cantidad que hay en ella si su carta es inferior y pierde. Si por el contrario su carta es mayor y gana se lleva toda la cantidad que hay en banca. Puede darse el caso de que la banca sea arruinada por los montones pequeños antes de levantar el montón del jugador que ha bancado, en cuyo caso no perdería, aunque su carta sea inferior a la del banquero. Si al banquero le queda una cantidad pequeña de dinero en banca no puede meter todo el dinero apostado en un montón, si no que de igual modo empezará a cobrar de pequeña a mayor apuesta igualando en cada caso la cantidad en banca, no pudiendo una apuesta determinada pagar más dinero que el dinero que hay en banca en ese momento. En este caso la apuesta pequeña se perjudica frente a las grandes, ya que empiezan pagando las primeras.
  8. Un jugador determinado puede apostar sobre la carta de la banca, en cuyo caso deberá designar contra cual, de los montones de entre los de los puntos quiere jugar. Si la banca gana a ese montón concreto, el jugador ganará su apuesta, si la banca pierde contra el montón señalado el jugador que ha jugado en la carta de la banca pierde su apuesta. Si en el montón contra el que juega saliera el rey de oros, este jugador no cobraría doble, ya que juega como la banca.

 

 

 

 

 

 

Para un banquero hábil, el número de montones influye directamente sobre sobre el margen de la banca, este y otros temas referentes a cómo hacer trampas en los montones se estudiarán en el apartado de tahurismo.

De mediados de los años setenta y hasta bien entrados los noventa se jugaba regularmente a los montones en muchos locales de la provincia de Murcia, región en la que vivo. El juego tenía un encanto arrebatador sobre todo para aquellos jugadores amantes del riego y de las emociones fuertes, debido a la rapidez con la que se ejecuta, así como por el monto de las apuestas. El tapete era un hervidero de jugadores, ya que para participar no es necesario estar sentado a la mesa ni es obligado jugar todas las manos. Cualquier persona que estuviera en ese momento en el local, era un jugador potencial, pues se permite jugar en cualquier momento. Era frecuente el desarrollo de grandes partidas en las que el dinero cambiaba rápidamente de unas a otras manos en muy poco espacio de tiempo.