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El escándalo Henry Weston. El final de las hijas del Faro

A consecuencia del escándalo Henry Weston, la crítica social respecto al juego femenino y concretamente contra el juego del Faro, organizado por las damas de la alta sociedad inglesa, (llamadas hijas del Faro) fue en aumento, incrementándose la presión social sobre ellas, ya que se tenía la impresión de que dichas damas, debido a su alta posición, eran inmunes a la justicia. Esta creencia popular hizo que el juez Kenyon dijera el 7 de mayo de 1796:

"Si ante mí se presentan jucios en los que las partes hayan sido justamente imputadas, sea cual sea su reango o posición en el país, así fueran las damas más distinguidas de la tierran, serán sin duda exhibidas en la picota".

Esta frase del juez motivó sin duda el que aparecieran numerosas caricaturas en prensa en las que se las representaban en la picota como por ejemplo, la caricatura de Gillray "The Exaltation of Faro’s Daughters" o la del caricaturista Richard Newton, "Female Gamblers in the Pillory" .
Henry Weston procedía de una respetable familia irlandesa, se estableció en Inglaterra en la década de 1790, entrando a trabajar como empleado de confianza del Sr. Cowan quién tenía vínculos comerciales con el ejército. En 1794 Cowan tuvo que partir al extranjero, dejando a su empleado con un poder completo sobre sus asuntos y frente al banco. Henry abusó de la confianza depositada en él por su patrón, sacando fondos de su cuenta para jugar al Faro, perdiendo en poco tiempo todo su dinero. Falsificó un cheque a nombre del general Tonyn con el que obtuvo 10.000 libras que fueron perdidas en dos noches de juego de Faro. Consiguió ocultar este hecho por un tiempo abonando al general sus dividendos a medida que vencían. Cada vez más desesperado por dinero, llevado por la furiosa pasión del juego se acercó a su primo Sir Hugh Walter quién acababa de heredar una fortuna, sugiriéndole que él podía ayudarle a invertir adecuadamente su dinero. La fortuna de su primo fue rápidamente dilapidada en las mesas de Faro. Convenció entonces a una joven muchacha para hacerse pasar frente al Banco de Inglaterra como la hermana del general Tonyn y firmarle un poder como abogado del general, el truco surtió efecto, obteniendo la pareja 100.000 libras en efectivo. Perdió igualmente esta inmensa suma jugando en las mesas de Faro. Dándose cuenta de que su tiempo se acababa y que las autoridades le seguían de cerca, intentó huir a América desde Liverpool. Acorralado, intentó suicidarse cortándose la garganta, pero no tuvo éxito. Fue capturado y posteriormente juzgado en el Old Bailey. Su juicio se celebró en mayo de 1796, siendo declarado culpable de estafa y falsificación y condenado a muerte por estos hechos. Hizo una conmovedora declaración al tribunal:

"Señor y caballeros del jurado: escucho con calma y resignación el veredicto que ahora se me comunica, que recojo feliz en tan horrible ocasión. Soy señor, como mi aspecto deja fácilmente entrever un hombre muy joven. Espero que los numerosos jóvenes que me rodean tomen ejemplo de mi destino y eviten los excesos del fatal vicio del juego que me ha traído la ruina y la desgracia. Espero también que los adultos no depositen confianza ilimitada de sus asuntos al cuidado de jóvenes sin experiencia. Reconozco la justicia de mi condena, la asumiré con paciencia y espero que con fortaleza".

La sentencia de Henry Weston se ejecutó el día 6 de julio de 1796, siendo ahorcado. Las damas del Faro fueron multadas con 50 libras cada una, iniciando su particular caída, ya que la opinión pública se volvió duramente contra ellas. El periódico The Morning Post del día 12 de enero de 1800 decía: "La sociedad tiene motivos para regocijarse de la completa caída de las damas del Faro, quienes han sido durante demasiado tiempo la desgracia de la naturaleza humana. Su suerte está echada, sus viejos trucos ya no sirven de nada". Aunque en realidad no estuvieron en la picota, la constante aparición de noticias y caricaturas que las ridiculizaban y las ponían al frente de la actualidad tuvieron que ser un sufrimiento insoportable. El caso aparece recogido en el libro de 1829 escrito por Seymour Harcourt "The gaming calendar".

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