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Control del espectador difícil en cartomagia

En espectáculos sobre escenario es raro encontrarse con un espectador molesto, atrevido o retador frente a la figura del cartómago, si aparece será entre el público amparado por el anonimato. El hecho de llamar a escena a un espectador es algo que suele amedrentar a la mayoría de personas, pues deben desplazarse mientras se sienten observados por el resto del público y subir hacia el escenario, lo que supone una presión psicológica.

Sobre todo, en ambientes más reducidos, sesión de close up o en presentaciones ante amigos o conocidos es posible encontrar algún espectador difícil de manejar que puede poner en serio peligro la continuidad del espectáculo cartomágico si no se controla a tiempo, ya que suelen ganar confianza y osadía a medida que sienten la incapacidad del mago para imponerse o ven que sus gracias calan en el público.

Existen varios tipos de estos espectadores:

  1. El espectador retador: Quiere convertirse en el centro de atención de la velada. Suelen dejar en entredicho al cartómago. Si se observa que entre el público hay un personaje de este tipo, no se le debe invitar jamás a participar como auxiliar, ya que tratará por todos los medios de dejar al mago en mal lugar, convirtiendo el juego o rutina en un reto entre él y el cartómago, lo que siempre es desagradable. Si al llamar a un espectador para que nos ayude intenta levantarse, debemos dirigirnos a él de forma amable, a ser posible con una sonrisa y decirle que se le llamará más adelante, si al mismo tiempo hacemos un gesto de contención con la mano el mensaje será mucho más contundente.
  2. El espectador mentiroso: A veces el espectador miente cuando se le pide que nombre su carta. La explicación a este comportamiento es que algunos espectadores odian ver aquello que no pueden comprender o pueden sentir que su inteligencia ha sido puesta en entredicho y tratan de remediarlo dejando a su vez en evidencia al mago. Puede solventarse este problema de antemano al principio del juego pidiendo al espectador que muestre su carta al resto del público.
  3. El espectador listillo: A veces damos con un espectador que cree saber cómo funciona el juego presentado y revela el secreto del mismo, no importa si está o no en lo cierto, ya que la molestia es la misma tenga o no razón, además él está convencido de tenerla. El mago puede tratar de convertirlo en su cómplice haciéndole un guiño y diciéndole, por ejemplo: "los demás no tienen por qué saberlo, deja que disfruten del juego", o bien enfrentarse a él siempre con una sonrisa diciéndole por ejemplo "en ese caso no necesito continuar, acabalo tú", se le puede entregar la baraja, posiblemente se vea en entredicho y no se atreva a cogerla. Se le puede ridiculizar, siempre con una sonrisa), diciéndole "si lo sabes cierra los ojos, te avisaré cuando acabe" y se continúa con la presentación.
  4.  El espectador demandante de secretos: En muchas ocasiones algún espectador se pone cansado pidiendo al mago el secreto del juego. Ante la pregunta ¿cómo lo has hecho?, se debe responder siempre tergiversando el sentido de la misma contestando "yo creo que muy bien". Si el espectador exige que se le enseñe un juego, el mago no debe negarse, aunque usará la estrategia de mostrarle una floritura compleja como la mezcla a una mano o una extensión con volteo sobre el brazo. Se le dirá: "aprende esto primero, cuando lo domines te enseñaré más".

Evitar interrupciones:

Estas pueden ser intencionadas o no, en cualquier caso, el mago debe tener la habilidad suficiente para controlar la situación anteponiéndose a ella desde que sale a escena. El cartómago debe aparecer como figura de autoridad y debe ganarse el respeto del público mediante una buena relación con el mismo, para ello debe ganarse su confianza y simpatía a través de:

  • Usar una vestimenta elegante y sencilla, si ésta es extravagante se tardará más en conectar con el público, ya que la gente conecta antes con aquellas personas que se le parecen.
  • Comportamiento sencillo y natural, si éste es excéntrico o histriónico el público tardará más en conectar con el mago.
  • Sonreír constantemente, ya que esto nos procurará una expresión facial amistosa.
  • Evitar comentarios sexistas, racistas y bromas que ridiculicen a un espectador, ya que el público empatizará con él si la broma o comentario es de mal gusto.
  • Hablar en un tono de voz agradable.
  • Ensayar las rutinas, ya que, si el público percibe que se domina el arte, respetará al cartómago, pues es sabido que el talento y la profesionalidad siempre son respetados.

Cuando se trata de niños hay que ser especialmente cuidadosos ya que no son los mejores espectadores para un espectáculo cartomágico, pues no tienen la capacidad de abstracción de un adulto, lo que a veces se requiere para comprender una rutina de magia con cartas. Para ellos existe una magia específica, (magia infantil), adaptada a su mentalidad y forma de pensar, en la que podremos sacar un gran partido a su capacidad de asombro, espontaneidad y franqueza. Son además difíciles de controlar puesto que carecen del sentido del ridículo que en un momento dado puede impedir a un adulto hacer algo inadecuado. Su natural franqueza, espontaneidad e incapacidad para valorar el mal que pueden causar puede en algunas ocasiones poner al mago en serios apuros. Con rotundidad, la cartomagia no es para niños, pocos juegos se adaptan a su personalidad, deben evitarse a toda costa como colaboradores o ayudantes.

En el siguiente video puede apreciarse claramente el riesgo de tener un niño como ayudante:

En 1992, en un show televisivo inglés llamado "The Magic Comedy Strip" el mago cómico David Williamson quiso presentar la rutina de la dama elástica, (desconozco si la de Dan Harlan), como quiera que carecía del gimmick necesario, pidió éste al creador de la rutina en los Estados Unidos de América, desde donde fue enviado con urgencia a Inglaterra. Ensayó el número aproximadamente veinte minutos y cuando creyó que podría crear una ilusión lo suficientemente convincente la presentó ante el público con funesto resultado como puede verse en el video.

 

Aunque el mago supo salir del entuerto con clase, lo que llevó a pensar a los espectadores que se trataba de un gag preparado, la realidad era que el avispado niño, (Murray), descubrió el secreto y no tuvo reparos en desvelarlo:

Mago: ...Tenemos tres cartas

Murray: Tenemos cuatro, puedo ver otra escondida bajo esta carta...

Como puede verse el mago comete numerosos errores:

  1. Elegir a un niño como ayudante, tal vez quiso aprovechar la cara de sorpresa del niño como recurso humorístico al ver la dama estirarse.
  2. No ensayar suficientemente, tal vez de haberlo hecho hubiese recordado que no hay que dejar nada al alcance de la mano de un niño. Debió situarle más a la izquierda.
  3.  De haber hecho la extensión en horizontal con el borde derecho de la carta, (diez de picas) tapado por la dama de corazones, al niño le hubiera sido imposible ver el gimmick.

Williamson comentó en un programa que lejos de perjudicarle el asunto le benefició, ya que durante años estuvo percibiendo derechos de autor por parte de programas que emitían el video.

Por su parte, el niño Murray se aficionó a la cartomagia, ya que veinte años más tarde David Williamson se encontró de nuevo con él en un congreso mágico.

 

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