Trampas al monte, el pego improvisado

Es curiosa la influencia tan poderosa que puede establecerse a través de una tradición heredada desde tiempos ancestrales, este hecho he podido constatarlo a lo largo de los años que he dedicado al juego del monte, Respecto a la antiqúisima trampa del "pego", pues ya se la menciona en la obra de Cervantes "Rinconete y cortadillo", (siglo XVI).
Esta trampa fué tan popular entre los jugadores de ventaja del pasado, que hoy incluso en las partidas de monte, se oye de vez en cuando a alguien decir, "cuidado, no vayan a darte el pego", esta frase es pronunciada casi siempre por profanos, que preguntados sobre que significa dar el pego, evidentemente no saben que responder. Incluso entre profesionales, he constatado que la gran mayoría de ellos desconocían como realizar esta antigua trampa, a pesar de ser extremadamente sencilla.
He aquí como se realiza:
Intuída la carta o lugar en la que va a jugar el contrario, (tal vez por que hemos constatado que le gustan determinadas cartas), se procede a realizar una clasificación en la que habremos colocado la carta "cebo", la que gusta al jugador de manera que pierda. en esta clasificación, la carta cebo debe dejarse en segundo lugar por la parte de abajo de la baraja, recordar que al monte se dan las cartas desde la parte inferior de la baraja.
Pueden darse dos situaciones:

  • Si el jugador juega de acuerdo a lo que hemos previsto, basándonos en sus constumbres, dejamos todo como está, perderá a la segunda carta.
  • Si el jugador contrariamente a lo previsto, juega a la carta contraria a la intuída, la que va a ganar, se realiza el "pego" propiamente dicho de la siguiente manera:

Tenemos la baraja cara abajo en posición de carta corrida, (glide), esperando que los jugadores hagan sus apuesta, una vez constatado que el jugador ha puesto su dinero a la carta que va a ganar, la segunda por abajo, nos humedecemos con saliva el índice derecho, para ello tendremos el codo sobre la mesa, y con la mano tapándonos la boca, como si estuviésemos en actitud de pensar.
Hacemos la carta corrida, (glide), y pasamos el índice derecho sobre la segunda carta inferior, sobre la porción de carta que queda libre al deslizar la primera.
Con el meñique izquierdo, volvemos a colocar la primera carta inferior en su posición, es decir deshacemos la carta corrida cuadrando la baraja.
Cuando va a efectuarse la jugada, al tiempo que volvemos la baraja, presionamos con la mano derecha sobre la primera carta inferior de la baraja, ahora cara arriba, para que esta carta y la segunda se peguen gracias a la saliva.
Sacamos hacia atrás, (hacia nuestro cuerpo), estas dos cartas como si fueran una sola, en una especie de "doble lift", con lo cual aparece la cara de la tercera carta, evitando que el jugador gane en ese momento, ya que la carta ganadora estará pegada a la primera. Vamos tirando cartas y depositándolas sobre esta/s carta/s de manera que tapemos sus bordes y extremos para evitar que alguien pueda ver que se trata de dos cartas en lugar de una.
Si se hace con frialdad, debido al gran tamaño de la mesa y dada la confusión reinante en una partida de monte, pasa desapercibido.
El jugador podría ganar más adelante, pero con muchas menos posibilidades pues tiene una carta de menos para hacerlo. No obstante, si se hace la siguiente clasificación perderá siempre en cualquier caso.

  1. carta contraria a la que creemos que va a jugar.
  2. carta a la que esperamos que juegue.
  3. carta igual a la que esperamos que juegue. esta puede estar colocada la cuarta o quinta carta desde el fondo, para hacer la jugada más flexible.

Las clasificaciones son extremadamente fáciles en el monte, ya que por lo general se baraja "peinando" el mazo, es decir sacando con el pulgar e índice derecho una cartas de arriba y otra de abajo de la baraja y haciendo distintos paquetes al azar sobre la mesa.
Si queremos incrementar la adhesividad de nuestra saliva, sólo será necesario que llevemos en la boca un caramelo, ya que el azucar disuelto en la saliva la hará mucho más pegajosa.
Otra forma más antigua de humedecer la carta :
Dejamos la baraja sobre la mesa, con objeto de ayudar al pagador a colocar apuestas, la dejamos descuadrada, con la carta inferior, desplazada un poco hacia la derecha. Humedecemos el pulgar derecho, y aplicamos la saliva sobre el dorso de la primera carta, porción desplazada. Esta acción se realiza apoyando el pulgar sobre la porción desplazada de la carta inferior, pero en una acción en tránsito, (recordar misdirection), mientras arreglamos con el resto de la mano alguna apuesta.
En el primer método, humedecemos la cara de la segunda carta inferior, con el segundo método humedecemos el dorso de la primera carta inferior. Si no se debe abusar de ninguna trampa, de esta en menor medida, sólo se realizará en un momento clave de la partida, y a lo sumo dos veces en una noche.

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