El tahur del Mississippi

A lo largo de la historia la imagen  siempre cambiante del tahúr ha adoptado numerosas formas percibiéndose de distinta manera por la sociedad. Desde ser considerado en la Edad Media como vil amigo de satanás, según se desprende del contenido de algunas obras legales o morales de la época, a la imagen picaresca y despreocupada de un pillo que actuaba por necesidad, propia de los libros de la picaresca española del siglo XVI. Más adelante, en los siglos XVIII y XIX la imagen más conocida es la imagen romántica del tahúr del lejano oeste, mitificada por la literatura y por el cine, y que ha persistido con fuerza hasta nuestros días. Imagen alejada de la menos romántica y siniestra que del tahur tenía la sociedad de principios del siglo XX, cuando era considerado un criminal sin escrúpulos, como también ha quedado magistralmente reflejado por el género literario de novela negra. Esto tal vez se deba a la asociación del juego con la mafia que consciente de los ingentes ingresos que el mismo podía generar, tomó el control del en cuidades como Chicago. Esto sucedió trás la abolición de "la Ley Seca" de 1929.
A principios del siglo XVIII la profesión de tahúr era más o menos tolerada. En paises como Inglaterra era frecuente que los tahures tomaran a su cargo aprendices, como si de un oficio cualquiera se tratara, estos aprendices permanecían durante algunos años junto a su maestro al que debían de compensar con una fuerte cantidad de dinero. Por su parte, éste garantizaba los resultados. Además el aprendiz realizaba para su mentor trabajos de menor categoría como, el de "gancho". Existen evidencias de anuncios de la época publicados en prensa, solicitando aprendices a tal efecto.
El legendario tahúr que nos ocupa inmortalizado por el cine, es el que proliferó en los barcos de vapor que hacían la ruta en ambos sentidos desde Saint Louis hasta Nueva orleans, pasando por Menphis, es decir todo el recorrido del gran río Mississippi a través de los estados de Minnesota, Wisconsin, Iowa, Illinois, Missouri, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Mississippi y Louisiana.
El primero de estos barcos apareció en 1811, incrementándose de forma espectacular el servicio. En 1820 ya eran sesenta los barcos que tenían línea regular. Pocos años después, a medida que a orillas del río iban surgiendo cuidades como Louisville, Cincinnati etc., su número se incrementó hasta alcanzar aproximadamente quinientos en 1833. Estos barcos se convirtieron con el devenir del tiempo en auténticos casinos flotantes, en los años anteriores a la Guerra Civil Americana eran sinónimo de lujo y placer.
Al principio, el tahúr era expulsado de estos barcos, más tarde fué tolerado siempre y cuando fuera discreto y no creara problemas. Si era descubierto no había piedad para él, pudiendo ser arrojado por la borda o emplumado. Cuando se incrementaron el número de barcos y consecuentemente el número de viajeros con el mismo denominador común, su riqueza, el negocio del tahúr adquirió grandes proporciones. Sólo entonces tomaron conciencia las companías navales del negocio que suponía la presencia del tahúr a bordo, establecieron alianzas con ellos y se convirtieron en cómplices. A tal punto llegó la simbiosis entre ambos que se dió la vuelta a la situación inical, si un pasajero se quejaba o sospechaba del tahúr, era ignorado o silenciado por la misma tripulación, si persistía en su actitud, con suerte podía ser arrojado por la borda, ya que lo normal era silenciarlo mediante puñal o colt.
Algunos capitanes de barco consideraban signo de mala suerte largar amarras sin la presencia de al menos un tahúr a bordo.
Hacia 1830, se calcula que aproximadamente mil quinientos de estos profesionales del engaño ejercían su trabajo a bordo de estos barcos, en los que facilmente arruinaban a acomodados propietarios de plantaciones de algodón. El juego estrella era al igual que en Europa el Faro, aunque también era comunes los juego de poker, whist o brag. El tahúr del Mississippi solía trabajar en equipo, se disfrazaban adoptando diferentes roles y fingían no conocerse entre ellos. El más destacado, por lo curioso de su técnica, fue el itemer James Ashby, (ver tipología del tahur), quien disfrazado de viejo excentrico violinista, podía sin levantar sospechas recorrer todo el salón de juegos. Colocándose tras los jugadores veía sus jugadas y las transmitía a su compinche de forma ingeniosa, ya que el código de señales estaba incluído entre las notas de la música que en ese momento interpretaba.
La proliferación de estos tahures llevó a que se produjeran incidentes con los pobladores de las emergentes cuidades que nacían a orilla del río, que por lo general eran ganaderos y agricultores. En 1835 fueron linchados cinco tahures por todo un pueblo, ya que éstos habían tratado de engañarles por lo visto sin éxito. Tras este accidente, se endurecieron las normas en los barcos de vapor, volviendo a ser el tahúr poco a poco desplazado, además los propietarios de barcos no renunciaron al negocio del juego, si no que se reconvirtieron en jugadores profesionales.
La imagen romántica del tahur de barco, mujeriego, generoso, arriesgado y galán decae difinitivamente hasta desaparecer con la legalización del juego en algunos Estado de Norteamerica, ya entrado el siglo XX. Los jugadores prefieren jugar en tierra, en cuidades como Las Vegas o Atlantic City, donde tienen más libertad de movimiento, puediendo cambiar de local si son muy conocidos en alguna zona o si han sido pillados infraganti.
Tras su desaparición, los barcos de vapor fueron olvidados hasta que en 1980 a un grupo de empresarios se les ocurrió recuperarlos como reclamo turístico. El primer Estado que contó con licencia para tener casinos flotantes fué Iowa, en los años siguientes, los Estados de Georgia, Massachusetts, Florida, Illinois Indiana, Louisiana, Michigan, Missouri, Mississippi, Texas y South Carolina obtuvieron sus respectivas licencias, contando hoy con casinos flotantes en sus ríos y costas, en los que los jugadores son pequeños apostadores que buscan divertirse jugando a las cartas al tiempo que disfrutan de unas vacaciones.
Los casinos flotantes, ya no son exclusivamente norteamericanos, ya que esta práctica se ha extendido a países de latinoamerica como Argentina, Asimismo en las Vegas asiática, Macao, se han hecho muy populares.

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