Barajas de plata, un real capricho

En los siglos XVI y XVII la ostentación de la riqueza se manifestaba de múltiples maneras, tal vez una de las más excéntricas sea la fabricación de barajas de naipes elaboradas en plata. No eran hechas para jugar con ellas, si no para ser expuestas por sus ricos propietarios, nobles y comerciantes en lo que denominaban gabinete de curiosidades o "Kunstkammer", en los que trataban de dar una visión del mundo a través de los logros artísticos y científicos del hombre mediante la exposición de variados objetos, así como rarezas naturales traídas de los más diversos lugares. La finalidad última de estos gabinetes era exponer la sofisticada educación e inmensa riqueza de sus propietarios. Uno de los más famosos fué el "Pomeranian Kunstschrank", construído entre 1616 y 1617 como regalo para el Duque Felipe II de Pomerania. Philipp Hainhofer, (1578-1647), financiero, diplomático y comerciante de arte de Augsburgo, actúó como agente del Duque para comprar objetos y obras de arte para su montaje. Estaba dotado con tres barajas de plata de distintos estilos, Francés, Alemán e Italiano. Michael Frömmer, el grabador de Ausburgo contribuyó creando la baraja

francesa para este gabinete de curiosidades. La belleza de estas piezas están fuera de toda duda y obviamente está muy

por encima de su función práctica. Lamentablemente este gabinete de curiosidades quedó destruído en un incendio al final de la Segunda Guerra Mundial.

El día 19 de Octubre de 2010 fué subastada una de las cinco barajas de plata dorada en oro que existen en la actualidad en el mundo. La subasta se celebró en la sede neoyorquina de la Casa de Subastas Christie's y alcanzó una cifra astronómica ya que su precio fué de 554.000 $, el precio más alto alcanzado por esta firma en la subasta de un objeto de plata. Fué adquirida por el empresario Selim Zilkha. El precio alcanzado no parece tan desorbitado si tenemos en cuenta que la baraja está en perfecto estado de conservación y que además se trata de la única existente que conserva la totalidad de sus 52 naipes. Cada uno de ellos mide 8,6 cm. x 5 cm. y apenas tienen un milímetro de espesor. Fué realizada en 1616 por el grabador Alemán de Ausburgo Michael Frömmer, sus palos están bellamente grabados y los personajes visten a la italiana. Dos de los reyes de la baraja visten antiguas ropas romanas, mientras uno de ellos, el rey de espadas, es vestido como un santo emperador romano el rey de bastos viste ropa de Sultán al estilo de Oriente medio.

La baraja ha sido recientemente descrita en el libro del año 2012 de la Editorial Paul Holberton "Renaissance and Baroque Silver, Mounted Porcelain and Ruby Glass from the Zilkha Collection" de Timothy Schroder, un historiador con experiencia en artes decorativas en plata y oro. Según este historiador el proceso de elaboración de estos naipes, concretamente el dorado, podría haber representado peligro para el artesano, ya que se empleaba mercurio, una sustancia potencialmente venenosa, para unir químicamente el oro a la plata trás su paso por un horno.

Se desconoce quién fué el propietario original de la baraja en el siglo XVII, sin embargo se sabe que en el siglo XIX perteneció a la Familia Real Española, concretamente a la Infanta Carlota Joaquina de Borbón (1775-1830), hija del rey Carlos IV de España, casada con el rey Juan VI de Portugal y Brasil. Cuando las tropas de Napoleón invadieron España en 1806 se exilió con la corte portuguesa a Brasil, llevándose consigo la baraja. Posteriormente trás la abdicación de Fernando VII intentaría hacerse con la corona Española en Ultramar concretamente con el Virrreinato del Río de la Plata. Regaló la baraja a Josefa Oribe y Viana de Contucci, casada con Felipe Contucci, (quién la ayudó en este propósito), era además hermana y suegra de Manuel Oribe (1792-1857), general uruguayo y segundo presidente constitucional de ese país desde 1835 hasta 1838. La baraja permaneció en la familia Oribe durante generaciones, hasta que uno de sus descendientes decidió subastarla. Según Schroder no se puede verificar esta historia, aunque no hay motivo para dudar de ella ya que cuando la baraja fué comprada se encontraba en un estuche de cuero de principios del siglo XIX  en cuyo interior apareció una placa de cobre con la procedencia grabada en ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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