¿Pueden traicionarnos los ojos en el poker?

Segun un estudio realizado por el Dr. Tobias Loetscher de la Escuela de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Melbourne, (Australia), y anteriormente miembro del Departamento de Neurología del Hospital Universitario de Zurich (Suiza) nuestros ojos son capaces de revelar inconscientemente los números que tenemos en mente. El estudio se llevó a cabo con una muestra de doce voluntarios diestros a los que se les pidió que fueran enumerando una serie de 40 números de la forma más aleatoria posible. Al medir la posición vertical y horizontal de los ojos de los participantes en el experimento 500 milisegundos antes de que el sujeto lo nombrara, los investigadores fueron capaces de predecir el número más cercano. De este modo se estableció que una mirada a la izquierda y hacia abajo anunciaba que el siguiente número sería menor que el anterior. Del mismo modo los ojos cambian sus posición hacia la derecha y hacia arriba si el número pronosticado era mayor que el anteriormente nombrado. Además el grado de movilidad del ojo estaría en relación directa con el tamaño del cambio numérico. Según el Dr. Loestscher los ojos aportan información sobre la naturaleza de las decisiones sistemáticas realizadas por el generador de números aleatorios del cerebro. Los números que tenemos en mente son atomaticamente codificados en el espacio, los números pequeños a la izquierda, los grandes a la derecha. Pensamos en ellos de manera totalmente inconsciente como en una linea que se extiende de izquierda a derecha, ordenamos los números mentalmente. Lo que viene a demostrar este estudio es que esa progresión que imaginamos  mentalmente se acompaña de un movimiento de ojos que delata nuestras intenciones.

 En la vida diaria esto no supone el menor contratiempo pero en situaciones como las que nos encontramos en juegos de azar como el poker donde tratamos de ocultar un número, es posible que estemos dando información a nuestros rivales. Las personas solemos decir mentiras sin que por ello se nos pueda considerar mentirosos compulsivos, a veces no nos apetece dar información o revelar una verdad en su totalidad. Este tipo de situaciones son las que se dan en el juego del poker en el que tenemos que mentir constantemente como una forma de proteger nuestra mano o de mostrar al rival una falsa debilidad o una falsa fortaleza. Si no somos capaces de mantener lo que comunmente se llama "cara de poker", (evitar que las emociones queden reflejadas en la cara manteniendo una expresión neutra o inexpresiva), deberemos entrenarnos en conseguirla o al menos deberemos facilitarnos las cosas usando unas gafas de sol.

Otros estudios sobre la emociones transmitidas por la cara ponen en duda la eficacia de la «cara de poker».
Hilliel Aviezer profesor de Psicología de la Universidad Hebrea de Jerusalén en colaboración con Yaacov Trope y Alexander Todorov, (de la Universidad de Princeton), sostiene en un estudio  que el rostro de una persona no es lo más significativo a la hora de tratar de conocer sus emociones y pensamientos. Los resultados mantienen que es mucho más útil la observación del cuerpo para conocer las verdaderas emociones de los jugadores en situaciones de gran tensión. Lo que realmente transmite sensaciones y sentimientos es la expresión corporal, no solo nuestro rostro.

El experimento se llevó a cabo trás observar las caras y reacciones de deportistas de élite como Serena Williams y Rafa Nadal tras jugar un punto importante. Descubrieron que la expresión de alegría o decepción de la cara podía inducir a confunsión, algo que no ocurre con la expresión corporal, por lo general inequívoca. El estudio se realizó con una muestra de 45 estudiantes separados en grupos de 15 personas. Recibieron fotografías de estos deportistas en diversos momentos de tensión de la siguiente manera:

  • El primer grupo sólo pudo ver el rostro.
  • El segundo grupo sólo pudo ver la parte del cuerpo.
  • El tercer grupo vio las fotografías de cuerpo completo.

Los resultados fueron:

Los integrantes del primer conjunto no tenían muy claro a qué emociones correspondían las imágenes, acertando sólo el 50%.

Los integrantes del  segundo y tercer grupos supieron discernir con mucha mayor precisión si la expresión de los tenistas correspondía a una emoción positiva o negativa.

Como curiosidad decir que los integrantes del tercer grupo creyeron en su mayoría saber la respuesta correcta gracias al rostro en lugar del cuerpo. Su mente les engañaba pudiendo confundir caras tristes como sonrientes solo porque habían visto al tenista celebrar el punto en la imagen completa.

Web de la Universidad Hebrea  de Jerusalen:

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