Evolución del concepto de ludopatía a través de la historia.

Desde la más remota antiguedad el juego de azar ha sido percibido por las castas dominantes, fundamentealmente el poder civil y el religioso, como una amenaza a la consecución de sus fines, pues es capaz de desestabilizar la sociedad, por este motivo es visto como una transgresión o profanación respectivamente dependiendo de cual de éstos poderes lo considere.
Grandes imperios como el romano o el griego promovieron leyes contra los juegos de azar, a pesar de que sus gobernantes se entregaban a él con una irrefrenable pasión. Calígula convirtió el Palatino poco menos que en una timba y su tío Claudio se entregaba con tal pasión al juego de los dados que hizo construírse uno apropiado para poder jugar en su litera. Se le representa condenado por la eternidad a agitar un cubilete de dados sin fondo.
Por su parte la Iglesia católica no se anduvo de manos cruzadas, gestando prohibiciones tan tempranas como las del segundo Concilio de Letrán en el siglo XII o las del cuarto Concilio de Letrán en 1215, ya que pensaba que confíar el destino al juego era una ofensa a la providencia divina.
Santo Tomás de Aquino tenía una noción peculiar del azar, distinguiendo entre:
Azar para adivinación
Azar para consultas
Azar para reparto
Lenta pero progresivamente la iglesia católica fué admitiendo el concepto de azar, lo que permitió que se crearan algunas loterías estatales, siendo la más temprana la italiana.
Con el paso de los siglos el azar fué estudiado por grandes filósofos y matemáticos como el francés Blaise Pascal que respondiendo a las demandas que por carta le hizo su amigo el caballero Meré: cuándo un juego de azar es interrumpido antes de su finalización, ¿como podría desisgnarse al ganador?, ¿existe un procedimiento matemático que permita conocerlo? Con el estudio de estas cuestiones sentó las bases de la teoría de la probabilidad, y convirtió al azar en objeto de posteriores y concienzudos estudios matemáticos.

Durante el siglo XVIII persistieron las visiones moralistas respecto al juego de azar, en Francia durante la Ilustración, los filósofos recriminaron las nefastas consecuencias del juego, culpabilizando a la lotería nacional de ser la ruina de muchas familias. En esa época algunos juegos de azar eran permitidos mientras que otros eran tajantemente prohíbidos. La Iglesia católica sigue pensando que el azar es de carácter sacrílego aunque su postura se suaviza pasando a considerar el juego como vicio en vez de como pecado.

A pesar de las constantes prohíbiciones por parte de los Gobiernos, el juego de azar ha seguido adelante a través de los siglos, sobre todo gracias a la doble moral imperante ya que mientras se establecían duras penas para los cuidadanos comunes, las clases pudientes incluídas las eclesiásticas se entregaban con pasión al mismo. Los palacios franceses de los siglos XVII y XVIII eran el lugar de reunión de la aristocracia, militares y advenedizos; en sus salones eran normal el desarrollo de grandes partidas de tric trac, del juego del hombre, ruleta, treinta y uno, y posteriormente de baccarat. Por otro lado los gobiernos pronto se dieron cuenta del enorme potencial recaudatorio que los juegos de azar tenían y se establecieron loterías nacionales y estancos de fabricación de naipes con sus correspondientes impuestos lo que derivó en el desarrollo de la industria del juego, pasando éste a ser un impuesto voluntario para aquellos que lo practican, bien sea a través de la compra de barajas, de las que el estado se reserva los impuestos para su fabricación, ya sea dejando una parte de las ganancias para el gobierno a través de su participación en juegos como la lotería nacional.

Las loterías se inician en Italia en el siglo XV, desde aquí impulsada por el éxito se propaga a Francia, donde se le encarga a Giacomo Casanova su implantación, posteriormente se expandirá a todos los países de europa. Hacia 1830 aproximadamente es prohíbida en muchos países, reapareciendo más tarde y volviendo a desaparecer en 1929 a causa de las consecuencias de la gran crisis. Otras versiones como la Loto aparecerían más tarde a partir de su germen italiano, ya que es este país quién lo invento en 1938. Con el siglo XIX llegaría el turno de las casas de baño y sus casinos asociados como Hongburg, Baden Baden, y posteriormente Montecarlo de la mano de los hermanos Louis y François Blanc en los que la alta sociedad gustaba jugar grandes fortunas sobre todo a la ruleta y al baccarat. Con el siglo XX aparecen los grandes casinos de las Vegas en los que el juego se industrializa y donde el Estado pasa a ser el primer impulsor y beneficiario del mismo, es la época de las grandes partidas del Sindicato Griego. Al final de ese siglo el juego se automatiza y se vulgariza, es la era del juego electrónico con grandes salones de máquinas tragaperras ante las que sucumben sectores enteros de la sociedad, amas de casa, adolescentes etc. Con la llegada del siglo XXI el juego sufre una vertiginosa y planetaria revolución con la llegada del juego online, el mismo se universaliza facilitando su desarrollo entre personas alejadas por miles de kilómetros, a un tiempo que permite el juego desde casa las 24 horas del día, todo ello con el beneblácito de los gobiernos que como antiguamente siguen con su doble moral, por un lado impulsando nuevos formatos de juego y por otro lado estableciendo prohibiciones que en realidad no promulgan con el ánimo de erradicar el juego si no con el ánimo de mantener su monopolio y explotación desde su posición de ventaja.

Con todo ello no es de extrañar que la ludopatía sea algo tan antiguo como el juego de azar mismo, aunque su reconocimiento como problema médico no se produce hasta bien entrado el siglo XX. A través de la historia el problema del juego patológico ha sido visto desde distintas perspectivas.

En 1561 Pascasio Justus publica la primera monografía médica sobre el juego compulsivo "De alea sive de curanda ludendi in pecuniam cupiditate", en esta obra Pascasio ofrece una visión y explicación médica al problema social que representa el juego patológico, y en consecuencia ofrece un tratamiento médico a las personas afectadas por esta enfermedad. El juego compulsivo es visto por Pascasio como un problema mental derivado de un temperamento caliente, sanguinario o melacólico y debe tratarse con estrategias cognitivas, ya que según este autor se necesitan palabras persuasivas que disipen las opiniones erróneas que son las responsables de crear y mantener el trastorno mental de un jugador.

En 1785 Benjamin Rush afronta de nuevo el problema, aunque manteniendo algunas consideraciones moralistas dentro del discurso médico, ya que en esta época aunque la medicina clínica es totalmente independiente de la religión, la línea divisoria entre ciencia y moral sigue siendo difusa.

durante los siglos XIX y principios del XX la Psiquiatría está fuertemente influenciada por la teoría de la degeneración de Benedicto A. Morel, (1857), en la que se afirma que algunas personas son más débiles mentalmente que otras y son por tanto más propensas a sufrir este tipo de trastornos. Además esta debilidad se transmite por herencia y está influenciada por elementos externos que la empeoran como puedan ser la sífilis, la tuberculosis, el alcoholismo y más tarde la drogadicción. Según esta teoría los hijos de estas personas débiles, además de padecer la enfermedad presentaran problemas de mayor envergadura. Aunque muestra su preocupación por la degradación que sufren estas personas no ofrece solución al problema.

En 1929 Dupouy y Chatagnon escriben "El jugador, un esquema psicológico", siendo uno de los primeros textos de psiquiatría que afronta el problema del juego patológico desde esta perspectiva. Consideran estos autores que el problema de la adición al juego es similar a la adicción a las drogas dándose varias fases en el proceso de adicción:

  1. Primera fase: Iniciación, conlleva un periodo de varias semanas.
  2. Segunda fase: Hábito.
  3. Tercera fase: Necesidad.
  4. Cuarta fase: Sufrimiento.
  5. caída social y padecimientos físicos.

Esta perpectiva del problema es muy semejante a la que se maneja en la actualidad, esto no significa que en sus escritos Dupouy y Chatagnon no mantengan consideraciones moralistas, llegando a considerar a los adictos a las drogas y al juego de azar como inmorales.

En 1920 el psicólogo estadounidense Clemens J. realizó un experimento en Francia entre sus alumnos, con el mismo trató de demostrar que el jugador es una persona que acepta los riegos voluntariamente. Próximo a las vacaciones de dos días que debían disfrutar los alumnos, les ofreció la siguiente propuesta:

Participar en un sorteo corriendo el riego de ganar y disfrutar de tres días de vacaciones o de perder y tener un sólo día de vacaciones. Un alto porcentaje de alumnos aceptó el reto. Con lo que demostró que un alto porcentaje de personas asume el riesgo en el juego, aceptando la posibilidad de ganar frente a la realidad de perder, siempre en relación a las características peculiares de cada sujeto.

En 1945 Fenichel creó el concepto de "adicción sin necesidad de drogas" siendo problablemente la razón por la que se incluyó en 1980 la ludopatía en el catálogo mundial de enfermedades DSM III, llegando por fin a considerarla como una enfermedad, un verdadero problema médico alejado del campo de la moralidad junto a otras patologías de las sociedades modernas como puedan ser las compras patológicas. En la actualidad el juego de azar se ha convertido en símbolo de la sociedad del ocio. Según expuso Alain Cotta  en 1980, en su obra "El juego como opio del pueblo",  la sociedad le dedica el 6 % de su producto interior bruto nacional, lo que es el doble de lo dedicado a investigaciones tecnológicas y científicas.

El concepto de juego compulsivo es resultado de un progresivo y constante abandono de la perspectiva religiosa y moralista que se mantuvo durante siglos, aunque en la actualidad persiste de forma mucho más velada la visión estigmatizadora de la sociedad ante conductas desordenadas, el juego debe ser moderado para ser socialmente aceptado.

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