¿Es el cerebro responsable de la ludopatía?

En la actualidad varios estudios científicos parecen confirmar que la ludopatía puede ser en gran medida  responsabilidad de zonas concretas del cerebro humano o bien de algunas anomalía del mismo como puedan ser exceso o defecto de neurotransmisores. Veamos de forma breve tres de estos estudios y sus conclusiones.

1- El primero de ellos fue realizado en Kioto por investigadores japoneses fué publicado en la revista Molecular Psychiatry, según los resultados del mismo, el cerebro sería responsable del juego patológico. Consistió en analizar el comportamiento de diecinueve hombres sanos frente a los avatares y vaivenes del juego de azar. Para ello se valieron de imagenes del cerebro escaneadas mediante tomografías por emisión de positrones (PET). Se obtuvo como resultado que un mensajero químico, (neurotransmisor), llamado norepinefrina o noradrenalina es fundamental en la respuesta frente a la pérdida de dinero. Así pudo constatarse que aquellas personas con niveles bajos de este neurotransmisor son más insensibles a la perdida de dinero, mientras que personas con un nivel alto de noradrenalina desarrollan lo que se conoce como "aversión a la pérdida", es decir una respuesta emocional mucho más pronunciada frente a perdidas que frente a ganancias de dinero.

Se concluye que un ludópata con bajos niveles de noradrenalina en el cerebro soporta mejor el dolor por las pérdidas sufridas, al tiempo que se reduce la sensación de riesgo, esto último les lleva a tomar decisiones audaces o imprudentes.

De confirmarse los resultados de este estudio, se abre una puerta al tratamiento farmacológico de la ludopatía, así como a la aparición de nuevos fármacos que ayuden a los jugadores patolójicos a responder equilibradamente frente al juego de azar.

Según Julio Licinio, director de la revista Molecular Psychiatry "Nos gusta creer que disponemos de libre albedrío y tomamos las decisiones que queremos. Este estudio demuestra que no es así, muchas personas presentan una predisposición a tomar ciertas decisiones"

2- Otro interesante estudio realizado por estadounidenses e ingleses, (liderado por Luke Clarck científico de la Universidad de Cambridge, Reino Unido), publicado por la revista PNAS, ("Proceedings of the National Academy of Sciences"), pretende averiguar que parte del cerebro está implicada en el comportamiento ludópata.

Muestra: Para realizar el estudio se dispuso de una muestra de sesenta individuos de los cuáles dieciseis estaban sanos y cuarenta y cuatro presentaban alguna anomalía o lesión cerebral en distintas zonas como puedan ser la amígda, (desempeña un papel fundamental en las emociones), la región prefrontal ventromedial, (que posee un rápido acceso a la información visual siendo capaz de reaccionar instantáneamente frente a eventos visuales negativos),  o la corteza insular o ínsula, situada entre el lóbulo temporal y la parte inferior del lóbulo parietal, (determina un importante papel en funciones relacionadas con las emociones y la regulación de la homeostasis del organismo). Según Lucke Clark director de la investigación, la razón por la que se seleccionan personas con lesiones cerebrales se debe a: "Pese a que los estudios basados en neuroimagen nos dan mucha información sobre la respuesta del cerebro frente a acontecimientos complejos como el juego patológico, únicamente mediante el estudio de pacientes con lesión cerebral podemos ver si una región del cerebro es realmente necesaria para realizar una determinada tarea".

Controles: Individuos con lesiones en otras zonas del cerebro, así como individuos sanos que realizaron las mismas tareas.

El ludópata tiende a distorsionar la realidad, teniendo tendencia a sobrestimar sus posibilidades de ganar, pensando que son capaces de doblegar las leyes del azar. Se trata de una distorsión cognitiva conocida como "falacia del jugador" o "falacia de Montecarlo", pensamiento erróneo o creencia irracional consistente en creer que después de varios fallos consecutivos, (por ejemplo ante una serie del mismo color), la jugada ganadora está próxima, obviando el hecho matemático de que cada jugada es independiente de la anterior. Teniendo ambos colores, rojo y negro las mismas posibilidades, es decir un 50 % cada uno de aparecer en cada una de las jugadas. Basicamente el jugador trata de predecir la probabilidad futura de éxito en función de lo que se observa. Aunque este y otros sesgos de pensamiento son conocidos desde hace tiempo por los psicólogos, se desconocía que pudieran tener una base neurobiológica.

Procedimiento: El estudio consistió en hacer jugar a esta muestra de individuos de la siguiente forma:

  • En una máquina tragaperras conseguían ganar ocasionalmente y en otras ocasiones se quedaban al borde de lograrlo, por ejemplo, una cereza a punto de formar el trío necesario para obtener premio, es lo que se conoce como "casi-acierto", favorecedor del impulso por jugar. Estudios anteriores ya han demostrado que en ese momento el jugador experimenta cambios en el ritmo cardiaco y en la sudoración. En los grupos controles, personas sanas y pacientes neurológicos aumentaron su motivación por el juego a pesar de que los "casi-aciertos" no difieren de un fallo completo.
  • En el juego de la ruleta debían jugar a suertes simples, (predicciones del tipo rojo/negro), lo que favorece así mismo la aparición de la "falacia del jugador", (sesgo cognitivo).

Conclusion del estudio: Todos los grupos de la muestra de individuos, excepto el de los pacientes con lesión en la ínsula, aumentaron su motivación para jugar después de estar "a punto de obtener premio" en la máquina tragaperras. Los mismos resultados se obtuvieron en el juego de la ruleta, en el que después de varias tiradas sin obtener premio, los jugadores se autoconvencían de que éste ya no tardaría en llegar, tomando la decisión de seguir jugando de forma más arriesgada, perdiendo consiguientemente. Es decir que los pacientes con daños en la corteza insular suprimían el efecto de casi-aciero y la falacia del jugador.

Estos resultados responsabilizan a la ínsula de la capacidad para ver la realidad de forma distorsionada o sesgada. Sería pués la responsable de los sesgos cognitivos que experimentan los jugadores. Según Clarck, "la ínsula podría estar hiperactivada en jugadores patológicos, haciéndolos más susceptibles a determinados errores de pensamiento o sesgos". Otros sesgos o errores de percepción además de la "falacia del jugador" son:

  • Visión sesgada hacia lo que se quiere creer: Pensamiento mágico que lleva a la superstición o a creer que lo que se piensa y siente es lo que va a suceder.
  • Razonamiento emocional.

Estos resultados ratifican la creencia científica de que intervenciones o técnicas psicológicas tales como terapias basadas en la concienciación así como tratamientos farmacológicos destinados a reducir la actividad de la ínsula podrían ayudar en el tratamiento del juego patológico.

3- El tercer y último estudio referente a las implicaciones del cerebro en el desarrollo de juego patológico fue llevado a cabo por científicos de la Universidad de Stanford, (Iowa). Fue liderado por Baba Shiv, profesor de Mercadotecnia de la mencionada Universidad, y publicado en la revista Psychological Science en Junio de 2005. El estudio denominado "Comportamiento de la inversión y aspecto negativo de las emociones", (investment behavior and negative side of emotion), trata de determinar un aspecto cuánto menos curioso, preguntándose si es posible que bajo determinadas circunstancias de riesgo, las lesiones cerebrales puedan beneficiar al ser humano en la toma de decisiones más acertadas.

Objetivo: Se trata de confirmar si determinados daños cerebrales pueden ser una ventaja en los juego de azar, colocando en una posición ventajosa a las personas afectadas con estas lesiones frente a las personas sanas ante diferentes problemas relacionados con el juego.

Muestra: los individuos seleccionados fueron agrupadas de la siguiente manera:

  1. 19 personas con cerebro sano.
  2. Un grupo diana compuesto por 15 personas con distintas lesiones en zonas cerebrales, siendo éstas focales, estables y crónicas. De ellas 8 con lesión en el córtex orbitofrontal, 3 con lesión bilateral en la amígdala y 4 con lesión en la corteza insular derecha, o el sistema somato sensorial, crítica para el procesamiento de las emociones. Estas lesiones son consideradas desde una perspectiva médica, como afecciones que pueden conllevar limitaciones en el comportamiento y el raciocinio. 
  3. Un tercer grupo de 7 individuos control con lesiones focales, crónicas y estables en áreas del cerebro no involucradas en procesos emotivos. Estos pacientes presentaban una lesión cerebral derecha o izquierda del sector dorsolateral del córtex prefrontal.

Todas estas lesiones son debidas a accidentes cerebrovasculares, extirpación quirurjica de meningioma, encefalitis por herpes simple, o enfermedad de Urbach Weithe, presentado todos los individuos de la muestra un coificiente intelectual normal.

Procedimiento: A cada individuo tanto sano como con lesiones cerebrales le fue entregada una cantidad de dinero, 20 dólares, para apostar, advirtiéndoles que lo trataran como dinero real, ya que al final del estudio serían obsequiados con un cheque regalo por el importe del dinero que tuvieran en su poder. Debiendo jugar tratando de predecir el resultado de una moneda lanzada al aire.

Se les pidió que en cada ronda tomaran una decisión consistente en:

Apostar un dolar o no apostar y esperar a la siguiente ronda. De apostar deberían entregar un dólar al experimentador que lanzaría una moneda al aire con el siguiente resultado: de ser cara, (50% de probabilidades), los pacientes perderían la apuesta. De ser cruz, (50% de probabilidades), los pacientes ganarían la apuesta sumándoles a su cuenta 2,5 dólares.

El experimento constó de 20 rondas de tomas de decisión inversión/no inversión

Conclusión del estudio: El grupo de personas con diversas lesiones cerebrales en un circuito neuronal clave para el desarrollo de las emociones, lograron ganar mucho más dinero que las personas sanas, lo que les sitúa en una posición de ventaja en cuánto a la toma de decisiones, respecto a los juegos de azar. Esto puede extrapolarse a la toma de decisiones en situaciones de riesgo, que los modelos teóricos consideraban un proceso cognitivo de integración de la conveniencia de diferentes resultados con sus probabilidades. Sin embargo estudios como el presente demuestran que la toma de decisiones de riesgo se ve altamente influída por las emociones. No obstante hay que tener en cuenta que las emociones influyen sobre todo en la rapidez a la hora de tomar una decisión de riesgo, ello no excluye el que pueda tomarse una decisión más acorde con la razón. Este estudio refuerza la idea de que los procesos emocionales son claves a la hora de tomar decisiones sobre todo relacionadas con resultados inciertos o azarosos como sucede en el juego. Las personas con cerebro sano y las del grupo control se desalentaban trás una pérdida en el juego, pasando a actuar más cauta y prudentemente.

En la siguiente tabla pueden verse los distintos patrones de comportamiento de los distintos grupos en función de la jugada anterior.

Resultados toma de decisiones, apostaron:
  Pacientes diana Pacientes sanos Pacientes control
Decisión de invertir siempre: 83,7% 57,6% 60,7%
No invirtieron en la ronda previa: 74,2% 64,4% 63,4%
Inversión trás perder la mano anterior: 85,2% 40,5% 37,1%
Inversión trás ganar la mano anterior: 84% 61,7% 75%

Referencias bibliográfica:

Luke Clark, Bettina Studera, Joel Brussc, Daniel Tranelc, Antoine Becharae. "Damage to insula abolishes cognitive distortions during simulated gambling", revista PNAS, (Proceedings of the National Academy of Science), 2014.

Baba Shiv,George Loewenstein, Antoine Bechara, Hanna Damasio, Antonio R. Damasio "investment behavior and negative side of emotion", Psychological Science, vol. 16, Junio de 2005.

 

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