El juego de azar en la antigua Roma

anonimo diosa fortuna Los Romanos heredaron la pasión por el juego de los Etruscos, de ellos proceden las primeras loterías, así como el juego del backgammon, (juego de dados). Atribuían los designios del azar a una diosa que de manera caprichosa otorgaba o no sus favores a los hombres.  En la antiguedad, los romanos eran jugadores compulsivos sintiendo esta pasión todos los individuos de la sociedad sin importar la clase social, desde el más humilde de los esclavo hasta el mismísimo emperador, desde el comerciante o artesano al senador. Durante la República, el juego estaba prohibido excepto durante la festividad de los Saturnales que se celebraban anualmente en Diciembre. Los Saturnales era una festividad en honor de Saturno, Dios romano de la agricultura. Según la mitología romana, hubo un tiempo en que Saturno reinaba sobre la tierra, proporcionando continuas recompensas a la humanidad, que vivía en un estado de inocencia. Las festividades Saturnales era un intento de revivir aquel dichoso tiempo invirtiendo  lo convencional. Constaban de un día de fiesta público seguido por dos días de fiesta privada celebrados en el interior del hogar romanao Las celebraciones privadas incluían una "comida inversa" donde los esclavos cenaban vestidos como sus amos y muy posiblemente servidos por ellos. Estaba permitido jugar a los dados así como a cualquier otro tipo de diversión, ya que se permitía todo lo que normalmente estaba prohibido.  Se celebraban del 17 al 19 de Diciembre, quedando legalizado el juego durante las mismas, se solían efectuar en casa de los patricios sorteos de lotería muy similares al bingo actual
 La gran pasión de los romanos eran los juegos de dados de los que existían dos tipos:

  1. Juegos que se jugaban únicamente con los dados.
  2. juegos que se jugaban con dados y tablero. Constaban de fichas que eran movidas en función de la puntuación obtenida al lanzar los dados. Los tableros contaban por lo general 36 casllas marcadas con diferentes  símbolos tales como cuadrados, hojas, letras, y cruces. Se lanzaban tres dados idénticos al tipo de seis caras usados actualmente. La puntuación más afortunada era tres seises o dieciocho  puntos. Se pagaban las apuestas, o las fichas eran movídas hacia atrás si los dados lanzados mostraban uno o más puntos individuales.
  3. El juego más popular era el conocido como diez, en él podían participar cualquier número de jugadores, que se iban turnando para hacer las veces de banquero. Se jugaba con tres dados, si al lanzarlos se obtenía menos de diez puntos, el banquero se adueñaba de las apuestas, si por el contrario sumaban más de diez puntos, el banquero debía pagar las apuestas a los jugadores doblándolas en su valor. El juego estuvo prohibido en la Roma de los Cesares en númerosas ocasiones, no obstante al igual que en otras épocas, se daba la dualidad de una prohibición por parte de las autoridades, y al tiempo una práctica generalizada, sobre todo por las clases sociales más altas.

Acabadas las fiesta de los saturnales, y a pesar de lestar prohibidos los juegos de azar, éstos seguían siendo una actividad diaria para el pueblo romano.  En las ruinas de una taberna aparecida cerca del campamento pretoriano existía un cartel que anunciaba: "En el interior uegos de azar y buena comida". Asi mism han sido encontrados carteles con el texto inscrito en ellas, "Hay sitio pa ra buenos jugadores".
En estas tabernas las peleas eran frecuentes, ya que existían verdaderos profesionales de las trampas con dados, que vivían de ursurpar el dinero a los incautos. La Arqueología ha encontrado numerosos dados cargados. Existe un cartel en una pared de Pompeya, en el que escritor dice con orgullo: "Soy lo bastante hábil para ganar sin hacer trampas". En las ruinas de otra taberna de Pompeya se encuentra un mosaico en el suelo que representa dos escenas de juego de dados. En la primera escena dos hombres sentados en sendas sillas con un tablero de juego sobre sus rodillas, uno de ellos ha lanzado los dados y dice "EXSI" (estoy fuera). El otro hombre apunta y dice "NON TRIA DV AS EST" (no son tres puntos sino dos). En la segunda escena, los hombres se encuentran de pie en actitud de pelear por una discusion con el marcador. Ante la riña el tabernero hace acto de presencia diciendo: "ITIS FORIS RIXSATIS", (Marchaos de mi taberna si quereis pelear).

El emperador Augusto fue un apasionado jugador que jugaba durante todas las fiestas romanas.  En una carta escrita a su Hijastro y yerno Tiberio, (hijo de Livia), le dice: "Mi querido Tiberio hemos pasado las fiesta de Minerva con gran alegría, jugando a diario y calentando hasta la ocasión. Tu hermano, (Draco), se hizo notar por el escándalo que montó, después de todo no perdió, ya que la fortuna se giró en su favor justo cuando se enfrentaba a lamás completa de las ruinas. He perdido treinta mil sestercios, porque, como de costumbre fuí generoso con mis huéspedes y amigos. Si hubiera cobrado todo lo que se me debía, habría ganado cincuenta mil sestercios. Tras el reinado de Augusto el asentamiento de la roma Imperial supuso un retroceso en la moralidad. Horacio afirmaba que: "El joven romano ya no se dedica a los hábitos viriles de la equitación y la caza; Su habilidad parece desarrollarse más en los juegos de azar prohibidos por la ley ".

Según cuenta Plutarco, Marco Antonio y Julio César eran apasionados de las peleas de gallos y de los dados. El Emperador Claudio tenía tal obsesión por los dados, que se hizo construir un carro especial que le permtía jugar mientras viajaba. El filósofo Séneca le describió en una sátira, en el infierno agitando los dados en un cubilete sin fondo. Su sobrino Calígula fue tambien un emperdernido jugador, quien ademas usaba de su inmenso poder para resarcirse de las pérdidas, arrestando o ejecutando a ricos cuidadanos con el objeto de apropiarse de sus riquezas.

Se tiene conocimiento de al menos tres leyes que prohíbían el juego de azar, aunque se desconoce las fechas de su aprobación. La más notable es la "Lex Talaria". El término romano para designar el juego era "Alea". En épocas tempranas del imperio, cuando la moralidad importaba, "Aleator", (jugador), era utilizado para describir a una persona despreciable. Con o sin leyes contra el juego de azar, los romanos seguían su pasión fervorosamente, ya que nada les distraía de la poderosa atracción que sentían por el juego. En las capas más bajas de la sociedad, las mujeres eran excluidas de cualquier actividad de juego con hombres, sin embargo en las capas más favorecidas y ricas, se sabe que las mujeres juegan en grupos como los hombres.

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