La superstición en el juego

El hombre juega por varios motivos, divertirse o demostrar superioridad ante el azar son sólo dos de estas razones. Independientemente de qué lo lleva a jugar, al hombre le gusta salir airoso en esta lucha contra la fortuna, existen tres formas de conseguirlo:

  1. Por intuición.
  2. Mediante el uso de sistemas matemáticos.
  3. Ayudándose de fuerzas mágicas y sobrenaturales, comunmente llamadas supersticiones

En todas las épocas se ha tratado de interpretar los acontecimientos que se desarrollan en la vida, unos los achacan a la providencia quién todo lo dirige, otros los achacan a un encadenamiento de causas necesarias, es decir a la fatalidad, otros los consideran como caprichos de la fortuna es decir al azar.
En realidad, el azar no es más que una palabra bajo la que escondemos nuestra ignorancia relativa a la naturaleza de los acontecimientos. Diría Laplace, que todos los acontecimientos incluso aquellos que por su insignificancia parecen no responder a las grandes leyes de la naturaleza, son una prolongación de las mismas y tan necesarios como pueda serlo el devenir solar.
Supersticiones:
Cualquier susperstición nace como un intento de controlar las fuerzas sobrenaturales, éstas subsisten desde la más remota antiguedad, algunas como símbolo de mala suerte, por ejemplo:
El paraguas: la superstición de no abrir un paraguas bajo techado procede del hecho de que las sombrillas nacieron para no malgastar el poder del sol, entendido éste como Dios, al que adoraban la mayoría de las civilizaciones antiguas.
El espejo: También es signo de mal agüero romper un espejo, ya que los mismos eran considerados "trampas" en las que las almas de aquellos que en él se miraban quedaban atrapadas, (por este motivo muchos pueblos primitivos no quieren mirarse en un espejo, o como les sucedía a los pueblos nativos norteamericanos, que no se dejaban dibujar o fotografíar temiendo que con ello perdían su alma). Por estos motivos romper un espejo se considera signo de mala suerte, ya que equivale a romper el alma de las personas que en él se han mirado. De esta creencia procede la constumbre de tapar con un paño negro los espejos en los velatorios. Además son considerados portales a otros mundos distintos del nuestro. Estas creencias respecto a los espejos han traspasado los siglos, culturas y creencias hasta instaurarse en la conciencia popular.
La sal: El origen de la sal como elemento de superstición se encuentra en la Biblia, (Crónicas XIII, 5). Desde tiempos remotos las culturas de ascendencia monoteistas la considera portadora de buena suerte y eficaz contra los maleficios (2). Derivada de esta creencia se considera un mal augurio derramar la sal, tras este fatal accidente, el gesto supersticioso anulador sería hechar un pellizco de sal por encima del hombro izquierdo, este gesto ya era practicado por los sumerios, egipcios, asirios y más tarde por los griegos. También era usada en rituales como hacer un círculo con ella alrededor de la persona a la que se quiere proteger del diablo.
El jugador está especialmente ligado a las supersticiones, esto es debido a que está continuamente en manos de la fortuna, (a quien muchas personas asocian con fuerzas sobrenaturales), por tanto no racionalizan estos ritos, siendo para ellos un mecanismo de defensa o bien una respuesta debida a una personalidad fatalista, o como forma de liberar la tensión acumulada durante el juego.
Dado que el juego y las reglas del azar no responden a la lógica, el jugador ha de ser una persona ilógica. Desde el primer instante en que se aborda el tapete de juego dejamos de ser matemáticos para convertirnos más o menos en supersticiosos.
Según dice el psiquiatra Edmund Bergler, en su libro "Psychology of gambling" no existe un único jugador que no tenga una superstición y un sistema propio. Añade además que la superstición del jugador no procede tanto de su temor al destino como de su convencimiento de ser capaz de influir sobre él.
Las supersticiones se basan principalmente en ritos de religiones paganas y antiguas greencias mágicas, cuyo significado se ha perdido con el paso de los siglos. Lo más curioso de los comportamientos supersticiosos en el jugador es el hecho de que los mismos se adquieren bién por tradición o desarrollo personal, sin saber para que y por que sirven. Vemos por ejemplo a jugadores hechar el aliento sobre los dados sin ser conscientes de que realmente está intentando introducir un hálito vital en el objeto culpable de que el azar le sea adverso. Otros jugadores pondrán en marcha la antigua superstición de levantarse y dar la vuelta a su silla, sin saber que en realidad están dibujando un círculo mágico para dejar fuera de él a los malos espíritus.
Se ha dicho que la superstición es la religión de los espiritus débiles, (3).
Números malditos como el 13, días aciagos como el martes, cualquier cosa es buena para esquivar la fatalidad, rituales, amuletos, oraciones. El jugador pondrá de su parte cuánto esté en su mano para esquivar los embates de la diosa vendada, incluso hará uso de la magia si cree que con ella el azar le sonreirá. A modo de ejemplo veánse algunas recomendaciones para hacer amuletos que nos favorezcan en el juego, extraídas del libro "Manuel secret du parfait joueur" de J. Talazac, se presenta el autor como profesor de juego, editado en Paris hacia 1910.
_ 1º Procúrese un trozo del calzado de una joven muerta accidentalmente, (es necesario que el calzado esté en el pie en el momento de la muerte). Recorte un exágono regular del tamaño deseado, pula los dos lados con papel de lija y escriba sobre el lado que estaba en contacto con la piel con tinta mágica, las palabras siguientes:
Desgraciada victima del destino, séme favorable. Llévelo con usted cuando quiera tener éxito.
_ 2º Para ganar en el juego. El tercer viernes de luna nueva, a la hora de Jupiter depués de la puesta de sol, escriba con tinta mágica sobre un pergamino ordinario las palabras siguientes: non licet ponare, ni ergobana, quid prétium, sanguinie. Teniendo después preparada la cabeza de una víbora, póngala en medio de lo escrito. Haga un pequeño paquete que atará con una cinta de seda amarilla, coloquelo en su cartera y ganará.
He puesto estos ejemplos por qué no deja de ser paradójico que en un mismo libro, se recojan buenos y sabios consejos con los que enfrentarnos al juego y rituales que nos trasladan a épocas de obscurantismo intelectual. El jugador puede ser calculador, frío, racional, cuando la suerte le es favorable, atribuyendo el buen resultado a sus profundos conocimientos sobre el juego, y apasionado, irracional y primitivo cuando la suerte le es esquiva, recurriendo entonces a lo más inverosimil con tal de granjearse los favores de la más caprichosa de las mujeres: la diosa Fortuna.
Los amuletos:
Son objetos de forma variada al cual atribuímos diversos poderes, en realidad cumplen las mismas función que las supersticiones, entre los más conocidos se encuentran:

  • El trébol de cuatro hojas:

Es una creencia muy arraigada, ya la refiere Theophrastus Hohenheim, (más conocido como Paracelso, 1493-1541), médico y alquimista suizo en su obra "Diccionario de botánica oculta", donde expone entre otras cosas la creencia de que quién encuentra un trébol de cuatro hojas será afortunado en los juegos de azar, todo ello explicado con gran racionalidad.
Para los Irlandeses, esta planta tiene connotaciones mágicas heredadas de la cultura celta. Cuenta la leyenda que estando San Patricio tratando de explicar a un grupo de celtas el misterio de la Santísima Trinidad, sin conseguir que llegaran a entenderlo, vió un trébol, lo cogió y les explicó que de igual forma que brotaban esas tres hojas, así eran el Padre, el Hijo, y el Espiritu Santo, una unidad a pesar de ser tres. Cada una de las hojas representa: la esperanza, la fe, el amor, y la suerte.

  • La herradura:

Desde la antiguedad más remota es considerada como amuleto en todas las culturas que usaban caballos, así lo creían los Griegos, introductores del caballo en la cultura occidental, en el siglo IV.
En al actualidad existe la crencia de que la herradura es un buen amuleto, sobre todo si es encontrada por casualidad y tiene siete agujeros, (al nº siete se la ha atribuído por la numerología y la cabalística propiedades mágicas).
Cuenta la leyenda que las propiedades de la herradura como amuleto se deben a San Dustan, (fué Arzobispo de Canterbury en el año 959, es patrón de los orfebres cuya festividad se celebra el 19 de Mayo). Estando en su herrería pues esa era su profesión, recibió la visita de un hombre que le solicitó unas herraduras para sus pies, éstos eran muy parecidos a pezuñas, por lo que San Dustan no tardó en darse cuenta de que el personaje en cuestión era Satanás. Le informó de que para llevar a cabo su trabajo correctamente era necesario encadenarle a la pared.
De forma deliberada el Santo realizó su trabajo de la forma más dolorosa posible, de modo que el diablo le pidió misericordia. San Dustan se negó a soltarle hasta que Satanás juró no entrar jamás en una casa en la que hubiera una herradura sobre la puerta.
Desde el origen de esta leyenda, siglo X, las culturas cristianas tienen a la herradura como amuleto. Originalmente se colgaban sobre el dintel de las puertas, posteriormente empezó a usarse como picaporte, siendo este el origen de los picaportes con esta forma.
En la Edad Media, época en la que el miedo a la brujería estaba en su apogeo, la herradura pasó a ser amuleto contra la misma, ya que se creía que las brujas se desplazaban sobre escobas por su temor a los caballos, y que cualquier cosa que se los recordasen las ahuyentaría. Tanto se afirmó la creencia que a las acusadas de brujería se las enterraba con una herradura clavada sobre la tapa del ataud para impedir su resurrección.
Para los rusos, se consideraba al herrero con poderes mágicos, tal era la creencia que los contratos comerciales y compraventas de inmuebles se realizaban sobre el yunque utilizado para martillear las herraduras en lugar de sobre la Biblia.
Para los antiguos griegos, los poderes de la herradura se debián entre otros factores al hecho de ser de hierro, ya que se creía que este material ahuyentaba el mal, y al hecho de tener forma de luna en cuarto creciente, ya que la luna era considerada como símbolo de fertilidad y fortuna.

Notas:
1- La chance aux jeu, Maurice Gherardt, editor charle Amat, Paris 1910.
2- ¿No sabéis vosotros que Yave, Dios de Israel, dió a David el reino de Israel para siempre a él y a sus hijos en pacto de sal? El pacto de sal tuvo mucha importancia en tiempos bíblicos, Una vez llegado a un acuerdo ambas partes mezclaban una bolsita de sal que cada una de ellas llevaba, al mezclarse las sales se volvián indistinguible una de otra, simbolizando con ello la permanencia del trato. En la actualidad todavía sigue practicándose esta constumbre en algunos paises orientales.
3-El juego. entre la habilidad y el azar, Enrique López Oneto - Juan Manuel Ortega, Salvat editores 1982.

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